cuando no es ni sí ni no
«Lo estamos estudiando…»
es una frase que he leído (más veces de las que me hubiera gustado) en emails de seguimiento con clientes internacionales, después de reuniones que yo sentía que habían ido bien…
Y pasan los días.
Luego una semana.
A veces dos.
Vuelves a escribir.
La respuesta llega…
pero es más corta.
Más neutra.
Menos clara.
No es un no.
Pero tampoco es un sí.
Durante mucho tiempo pensé que era cuestión de otras prioridades.
O de ritmos diferentes.
O simplemente de paciencia.
Hasta que empecé a fijarme en otra cosa.
En cómo yo leía ese “lo estamos estudiando”.
Desde lo que yo esperaba que pasara después de la reunión.
Desde mi forma de comunicar.
Desde cómo interpreto el silencio en un email.
Porque, según el contexto, esa frase puede tener lecturas muy distintas.
A veces es una manera educada de ganar tiempo.
Otras, una señal de cautela.
Y en algunos casos, una forma suave de no avanzar… sin decirlo abiertamente.
No es tanto la frase en sí.
Es lo que ese mensaje significa
para quien lo escribe
y para quien lo lee:
sin tono,
sin gestos…
sin todo eso que sí estaba en la reunión.
Ahí es donde muchas conversaciones se enfrían.
Sin roces.
Sin tensiones.
Y sin que nadie haya dicho que no.
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