otografía de un cuaderno de espiral abierto, con hojas de líneas y texto escrito a mano en tinta negra. En la parte superior se lee el título “66 formas (y muchas más) en las que somos diferentes”. Debajo aparece una lista numerada con ejemplos de diferencias culturales relacionadas con la comunicación, el trato, el tiempo y la toma de decisiones. El cuaderno está sostenido al aire libre, con un fondo desenfocado.
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Lo que damos por entendido

A veces, cuando trabajamos con personas de otros países, es fácil ir en piloto automático.

Dar por sentado.

Avanzar convencidos de que si hablamos el mismo idioma, ya nos entendemos.

El riesgo de ir en automático es que cuando una situación nos descoloca, casi nunca la leemos en clave cultural.

Tendemos a llevarla a otro terreno.

A lo personal.

A lo profesional.

O, simplemente, a una cuestión de actitud.

Esto no es nuevo.

Lleva tiempo ahí.

Ya lo apuntaba Edward T. Hall, antropólogo estadounidense, en The Silent Language”  a finales de los 50: muchos malentendidos no vienen de lo que decimos, sino de todo lo que damos por entendido.

Y cuando trabajamos con personas de otros países, esas pequeñas diferencias en cómo nos comunicamos, nos relacionamos o tomamos decisiones pesan más de lo que imaginamos.

Se nota en cosas tan cotidianas como:

cómo nos saludamos,

qué nos parece cortés o grosero,

la distancia que mantenemos al conversar,

cuándo hablamos claro… y cuándo preferimos no hacerlo,

cómo usamos el tiempo,

o quién termina teniendo la última palabra.

Fotografía de un cuaderno de espiral abierto, con hojas de líneas y texto escrito a mano en tinta negra. En la parte superior se lee el título “66 formas (y muchas más) en las que somos diferentes”. Debajo aparece una lista numerada con ejemplos de diferencias culturales relacionadas con la comunicación, el trato, el tiempo y la toma de decisiones. El cuaderno está sostenido al aire libre, con un fondo desenfocado.

A simple vista pueden parecer detalles sin importancia,

pero no funcionan igual para todo el mundo.

Ya sea en ventas B2B internacionales o al colaborar con personas de otros países, estos matices influyen más de lo que solemos pensar.

Y más ahora, cuando muchas tareas se automatizan, 

la diferencia sigue estando donde siempre ha estado:

en la confianza y en el valor que dejamos en las personas con las que trabajamos.

 

 

🌏 Comprender para conectar mejor

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